La comunicación no verbal

Con excesiva frecuencia, al hablar de comunicación nos quedamos en la superficie de las palabras. Pero el lenguaje corporal, el del movimiento y los gestos, es una vía amplia y sutil que mediatiza el mensaje. Cierto científico incluso se atrevió a decir: “Las palabras pueden muy bien se lo que emplea el hombre cuando le falla todo lo demás”.
Pensemos si no en el cine mudo. ¿Cuánto no transmitían los cuerpos y los rostros! Podemos hacer un ejercicio. Cerrar el sonido del televisor y simplemente observar. Un debate podría ser un buen programa. Analicemos. Prestemos atención. Tras unos instantes de desconcierto, seguramente distinguiremos quién discute con fervor, quién se muestra imperturbable, quién se siente atacado, quién argumenta con veracidad, etc. En función de lo que veamos, sin apenas apreciarlo, tenderemos a fijarnos más en un personaje que en otro, habrá quien nos caiga bien, quien nos resulte antipático. Y todo ello sin mediar palabra.

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Las personas poseemos un rostro con unos rasgos genéticamente heredados. No obstante, muchos autores afirman que cada uno tiene la cara, el cuerpo y la expresión que él mismo ha labrado. Los rasgos genéticos pueden haberse endurecido o suavizado. La manera de sonreír o de moverse es aprendida, así como la gesticulación y la postura. Cada uno, sin apreciarlo, aprende a mostrar o a encubrir las emociones y los sentimientos.
La cultura favorece unas y otras expresiones. Más sonrisas, más introversión, ecuanimidad, estar más o menos próximo… Lo tolerable para un hispano no lo es para un inglés, pongamos por caso. Hay claves no verbales procedentes del medio, que han sido refrendadas por éste. Expresiones o gestos considerados de buena o mala educación, índice de la idiosincrasia personal y también de las normas del grupo. Cómo presentarse, cómo sentarse, etc.
El hecho de no hablar no significa que no nos comuniquemos. Es cierto que la queja “no habla” es muy frecuente entre las parejas, y lo es en la medida en que uno de los dos echa en falta que el otro exprese un sinnúmero de cosas. Pero lo es también porque al no hablar, de algún modo está comunicando enfado, distracción, desconexión, desinterés. La interpretación que se haga del no hablar aumenta la irritación del posible interlocutor, porque habitualmente no sólo “no habla, sino que no escucha”, o no presta la menor atención. Este tipo de quejas es frecuente en nuestra consulta al manifestar frustración ante el comportamiento no verbal de la pareja.
Evidentemente, en la interacción con los demás, y por supuesto con la pareja, el contenido no verbal es tan importante como el verbal. O más aún: del contenido no verbal depende la interpretación y credibilidad de lo que se dice. Por ejemplo: “Sí, estoy de acuerdo”, dicho con el semblante hosco, sin mirar, los labios fruncidos y tono penoso, evidencia que el acuerdo es cuando menos precario. Idéntica frase, dicha con expresión sonriente, mirando a la cara y de forma resuelta, manifiesta una real conformidad.

Entre todas las conductas no verbales, que son muchas (gesto, postura, expresión facial, actitud, mirada, etc.) hay algunas que destacan por su impacto en el estilo de comunicación y su influencia en el mensaje.

El contacto ocular

Muy relacionado con el agrado hacia la otra persona (Exline). Una de las más sutiles contraseñas del lenguaje no hablado. Molesta enormemente cuando no existe en la persona que nos habla. Puede inducir atención, vergüenza, recelo, afecto, etc. Es una condición imprescindible para iniciar el diálogo de forma igualitaria. Es uno de los indicadores ausentes en las parejas en conflicto.

La expresión facial

Es muy importante que haya coherencia entre lo que se dice y lo que se manifiesta mediante la expresión facial. Si existe disonancia, esto crea malos entendidos, perplejidad e interferencias en el mensaje que se desea transmitir.

El tono y el timbre

El tono y el timbre de voz son moduladores de la expresión emocional. Pueden ayudar al entendimiento mutuo o, por el contrario, irritar, aburrir o sorprender, aun cuando lo que se diga no sea en sí irritante, aburrido ni sorprendente.

La gesticulación

La gesticulación no debería ser agresiva ni impávida. Alguien que gesticula en exceso puede resultar abrumador. Si no lo hace, monótono.

La postura

La postura del cuerpo es un indicador de relajación, tensión, deseos de aproximarse, timidez, inseguridad, deseos de huir, etc.
Cada uno tiene un estilo propio de relacionarse. Podemos calificarlos con adjetivos tales como “confiado”, “amistoso”, “alegre”, “tajante”, “mandón”, “distante”, “tranquilizador”, “acogedor”, “sumiso”, “apacible”, “divertido”, etc. En cada caso podríamos describir los distintos indicadores no verbales: la mirada, el gesto, la postura, la voz, el movimiento del cuerpo, la expresión de la cara, etc.
Este estilo y los signos no verbales que le acompañan constituyen uno de los estímulos implícitos en la comunicación.

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