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Las crisis vitales son acontecimientos que suceden y hacen que nuestra vida cambie de repente. Implican un conflicto y nos obligan a tomar decisiones, que no siempre son fáciles, ni nos sentimos capaces de tomar.
Es un estado temporal de trastorno y desorganización, que se caracteriza por la incapacidad de la persona para abordar situaciones particulares utilizando métodos acostumbrados para la solución de problemas.
Las crisis vitales nos permiten reflexionar y evaluar alternativas y promueven en nosotros la toma de decisiones, los cambios y la reformulación de valores y creencias de cara a poder replantearnos de nuevo los objetivos en la vida.

En una situación de crisis nos hacemos muchas preguntas que pueden llegar a agobiarnos y también a asustarnos. Esto es porque la mente humana es inquieta y normalmente, queremos resolver todas nuestras dudas rápidamente, en cuestión de minutos.
Pero a veces, eso no es posible; se necesita tiempo para ir descubriendo el camino, para ir superando los miedos hasta que llegue el momento en que nuevamente, nos podamos volver a sentir seguros.
Hay momentos del ciclo vital relativamente tranquilos y estables y otros donde aparecen nuevas exigencias, en las que es necesario un periodo de transición para adecuarse a dichas exigencias. Se necesita tiempo para despegarse de una situación pasada y adaptarse a otra nueva y esto no es una tarea nada fácil.
Una crisis nos puede llegar a remitir a una etapa de confusión, de desconocimiento de nosotros mismos, de pérdida y de vacío interior que puede prolongarse en el tiempo en función de diferentes variables (subjetividad, miedo, inseguridad).

Hay distintos tipos de crisis
Pueden ser evolutivas (relacionadas con el desarrollo en las distintas etapas de la vidas) o situacionales (accidentales o repentinas, ocasionadas por causas externas no siempre previsibles).

Algunos ejemplos de crisis vitales son:

  • Dificultades para afrontar etapas como la maternidad o la paternidad, la emancipación de los hijos. Crisis de mediana edad, cambios laborales, familiares.Enfermedad crónica propia o de un allegado
  • Relaciones familiares y cambios en la vida familiar, Problemas con la familia de origen, problemas en el manejo de los hijos.
  • Crisis de la adolescencia, Crisis de juventud
  • Crisis de la tercera edad
  • Cambios de ámbito laboral o puesto de trabajo; desempleo, trabajo nuevo, fracaso económico.
  • Enfermedad crónica propia o de un allegado
  • Separaciones de la pareja
  • El “vivir solo” y la autonomía
  • La adaptación a la convivencia en pareja
  • Toma de decisión sobre una carrera u oficio
  • Mudanzas
  • Desarraigo ante la emigración (mudanza) a una nueva ciudad con patrones culturales diferentes a los de origen.

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¿Qué hacer?

Si te encuentras en un momento de cambio en tu vida, si estás en medio de una crisis vital, no sabes que rumbo tomar en la vida, vives una relación que no te aporta y sufres, tu trabajo ha dejado de motivarte, has perdido a alguien, es el momento de pararte y asimilar lo que estás viviendo e iniciar un movimiento.

La terapia puede ayudarte a reducir y manejar mejor tus miedos, ansiedad, incertidumbre, sensación de falta de control, sensación de vacío, angustia entre otros. Puede ayudarte a identificar lo que no funciona y plantear nuevas opciones o alternativas para que este momento que estas pasando te permita poder desplegarte al máximo.

El tratamiento terapéutico en crisis vitales conlleva como primera funcionalidad la de ser preventivo de futuros desordenes mentales. En los procesos de crisis vital no se cumplen los criterios psicopatológicos para un trastorno mental, pero puede funcionar como un disparador para el mismo.

Como conclusión se puede decir que es importante buscar apoyo en los demás y pedir ayuda; tanto en las personas cercanas como en los profesionales. A nivel terapéutico es importante establecer un vínculo de aceptación apoyo y empatía que permita disminuir el temor y reforzar las expectativas positivas.