
La ansiedad es un fenómeno complejo, difuso e intangible que todo ser humano va a sentir en algún momento de su vida con mayor o menor intensidad. Existen numerosas definiciones desde los diferentes enfoques teóricos en psicología, no obstante, desde una perspectiva pragmática lo más importante a saber que cuando la ansiedad aparece en una alta intensidad genera mucho sufrimiento y es muy difícil de ser ignorada o compensada por el sujeto generando al final en muchos casos demandas de ayuda en Psicología.
La ansiedad tiene tres componentes; el cognitivo ( lo que pienso ) el somático ( en que formas y lugares corporales se manifiesta) y el emocional ( emociones negativas que genera: miedo, tristeza, desesperanza…). Según la persona puede predominar más un componente u otro, no obstante, la ansiedad a una cierta intensidad genera siempre una vivencia negativa o un malestar que va a movilizar al individuo el cual de forma automática va a intentar poner en marcha mecanismos que frenen o bajen dicho sufrimiento.

¿¿Porque tienen tan mala fama??
Aunque todos vamos a sufrir ansiedad en algún momento de nuestra vida, cuando ésta es sentida y vivida de forma alta y continuada, se va a convertir en un síntoma molesto que muchas veces se vive con perplejidad porque no se sabe porque aparece ni de dónde viene, es como un parásito que domina mi vida sobre el cual siento que no tengo control.
Ello la convierte en algo negativo que hay que “controlar” con “técnicas” o en cualquier caso hay que erradicar.

¿¿ y si la escuchamos??
La ansiedad en realidad es un primer mecanismo que pone en marcha nuestra mente para avisarnos de que algo no va bien, que hay algo en mi vida que no estoy atendiendo.
Aunque es cierto que desde ciertos enfoques psicológicos se va a intentar bajar dicha sintomatología con técnicas e incluso a veces con fármacos, nosotros entendemos que ningún síntoma cae del cielo y si aparece hay siempre un porqué, no podemos quedarnos solo en la superficie de un fenómeno que tiene unas raíces que hay que conocer.
Por eso no solo vamos a buscar una forma de sentirnos mejor, sino que vamos a intentar entender los motivos por los cuales ha surgido en un primer momento y tratar todo el fenómeno de forma integral.
Muchas veces escuchar nuestra ansiedad nos ayudará a conocernos mejor, a detectar situaciones o formas que tenemos de vivir nuestras vidas que nos dañan o nos perjudican. Cualquier sintomatología es un mensaje que nos envía nuestra mente que hay que convertir en una oportunidad de cambio y crecimiento.

El papel de la sintomatología en la cultura de lo inmediato y el hedonismo.
Estando un día en un bar comiendo escucho la siguiente conversación entre dos personas de unos 30 años aprox, que parecían ser amigos íntimos a las que llamaré por identificarlos Persona A y a la otra Persona B (¿simple no? )
A; resopla… es que no puedo más, no aguanto ni un minuto más allí… (visiblemente afectado) no duermo, es como siempre que estoy allí es como que tengo un nudo en el estómago, …Fulanito Me hace la vida imposible… me deja con la palabra en la boca siempre, se queja por todo…. no valora nada…. Cualquier cosa que hago nunca está bien…, le hace broma a todos menos a mi…. Me siento como que no existo (se está empezando a emocionar)
B: yaaa (visiblemente nervioso al ver el malestar de A), es que “fulanito” siempre ha sido un hijo de …. , no sé cómo puede liderar un equipo un tío así …. Ya sabes cómo es…, es no hay que hacerle caso , es un ( palabra mal sonante)…. Tu tienes que hacer como que no existe, no le des este placer, no lo merece…tienes que conseguir que te resbale. No vale la pena…. Mira, hoy es viernes, salimos. Y te olvidas…ya verás va a ser una gran noche…. vamos a triunfar, el lunes ya será otro día.
Claramente una no puede evitar empatizar con el pobre A que está viviendo una situación muy dura en el trabajo que da la sensación que le está llevando a cierto límite generándole visiblemente una clara sintomatología: insomnio, falta de apetito, estrés, somatizaciones y sobre todo una importante vivencia de ser descalificado y ninguneado por alguien.
No obstante, no sé si era peor el sufrimiento visible del pobre B que lo está pasando fatal intentado ayudar a su amigo sin saber cómo, transmitiendo la sensación de estar asustadísimo ante la posibilidad del inminente desbordamiento afectivo de A. El pobre B se debate por un lado entre el profundo afecto hacia su amigo y su propio miedo y malestar al sentir la reacción intensa de A, la sensación que transmite es de querer parar esa situación lo antes posible, (faltaba solo que dijera por favor no te pongas a llorar…) a cuenta, sin darse cuenta, de la invalidación de los sentimientos de A y la poca profundización en el problema de A.

El mensaje de B a su amigo es simple y claro: No sientas, sentir te duele a ti, y por empatía a mí también, ¡¡¡dejemos los dos de sentir ya!!!
Y para conseguir tal despropósito (porque dejar de sentir es por suerte muy difícil y a la vez muy peligroso) hay que distraer la mente, mirar a otro lugar, a cualquier lugar que no sea a dentro, bien lejos a poder ser… no hay que sentir, hay que evitar, hay que confundir a la tristeza y al dolor, engañarlos, negarlos…. ¡¡¡No existen!!!
En el mejor de los casos quiero pensar que después de una noche de fiesta y alcohol, con la mente embotada por la resaca, el día siguiente A se topa con algún otro amigo y/o familiar un poco más habilidoso que hace lo que hubiera podido hacer B:
Y si B le hubiera cogido de la mano o incluso le hubiera podido regalar un gran abrazo, validándole el sufrimiento y dejando que el pobre A se desahogara (que horror debe ser sentirse así.. que duro debe ser, como lo aguantas?? ) le hubiera podido sostener el llanto, aun a riesgo de que el llanto de A conecte a B con cualquier otro dolor emocional, por el maravilloso vehículo llamado empatía, que nos hace sentir humanos, nos hace sentir que no estamos solos, que hay alguien ahí a quien le importo que se emociona ante mi dolor.
O a lo mejor B le hubiera podido confesar su incapacidad y su miedo ante la respuesta de A, (no soporto verte sufrir, me siento tan impotente de no poder ayudarte) liberando a B de su sufrimiento y haciendo que A se sienta valioso ante la reacción de su amigo.
Si eso se hubiera dado, se hubieran permitido sentir el sufrimiento, el malestar, se hubieran podido ayudar, generando la conciencia de ser importantes el uno para el otro, sentirse ambos queridos, entendidos, validados mutuamente… y a lo mejor , el permitirse sentir todo eso hubiera ayudado a A tener consciencia del alto coste emocional que le está generando la situación en la que está atrapado, permitiéndole sentir primero la tristeza que todo esto le genera y posiblemente también el miedo que parece ser que lo paraliza, finalmente hubiera hecho acto de presencia la rabia ante tal injusticia, dignificando su ser! ¡Haciéndole sentir que no merece tal trato! generándole a la energía y la motivación necesaria para defenderse y para buscar la manera de salir de dicha situación tan aversiva.
Para mi este ejemplo ilustra grosso modo, ciertas tendencias que se promueven socialmente como forma de afrontar el malestar, siendo la evitación, la compensación, la anestesia afectiva o en el mejor de los casos la relativización los mecanismos habituales para manejar las problemáticas que nos afectan.
Aunque a veces nos olvidemos, el ser humano, está dotado de numerosísimos recursos mentales para afrontar situaciones difíciles, elaborarlas y salir airosos, sino fuera así no hubiéramos sobrevivido como especie.

El problema es que todos estos mecanismos implican sentir dolor, vivir esa experiencia, sentirla en toda su profundidad para poderla elaborar y aprender algo valioso de ella. Como en el plano más simple, cuando algo nos hace daño se genera una herida, que sangra y duele, que hay que limpiar y curar con paciencia, normalmente con la ayuda de los otros para que al final la herida deje de doler y la cicatriz que deja, nos ayude a identificar situaciones potencialmente peligrosas, teniendo mejores recursos para afrontar mejor si no las podemos evitar.
el problema es que vivimos en un mundo en el que se tiende a evitar el dolor emocional o de cualquier tipo, es como que hay que ser siempre super feliz, hay que disfrutar, no vale la pena estar triste, es una pérdida de tiempo o algo innecesario que hay que evitar a toda costa llenando ese vacío existencial de un mundo cambiante y estimulante que siempre ofrece cosas. La felicidad se está convirtiendo en algo absurdo e irrealista, siempre hay que estar bien, siempre hay que disfrutar, las cosas malas se superan ( no sé cómo si no sienten) ponte a hacer cosas; redecora tu casa, haz dieta, sal con los amigos, no te quedes solo, búscate otra pareja y sobre todo no dejes de colgar en las redes sociales lo bien que te va todo… no sea que alguien se vaya a creer que no eres feliz…. Vamos a mirarnos todos desde ese escaparate irreal
